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La finca cafetalera que sobrevive rodeada de urbanización a cinco minutos del centro de San Salvador

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 17m ago

La Finca San Antonio Amatepеque, en el cerro de San Jacinto, conserva más de 100 manzanas de cultivo y vegetación a cinco minutos de supermercados, restaurantes y vías del área metropolitana de San Salvador. En una zona donde la expansión urbana redujo la presencia de propiedades agrícolas, un terreno que tuvo potreros, zacatales y una pedrera funciona hoy como bosque cafetalero.La transformación comenzó con una decisión familiar: reforestar. El padre de Daniella Boza, agrónomo de formación, heredó una parte de la finca y compró predios vecinos con la idea de incorporar café en espacios degradados.

Una de esas áreas había sido utilizada como pedrera por un arquitecto; otras eran potreros o terrenos cubiertos de zacate.“Él quería reforestar esa área, sembrar café y hacer un bosque cafetalero”, contó Boza, quien hoy trabaja junto a su padre en la administración y el procesamiento de la cosecha.La finca quedó rodeada por la urbanización. Para llegar a la entrada basta un trayecto corto desde los comercios de la zona. La ciudad avanzó sobre un paisaje que antes estaba compuesto por fincas, y la familia sostiene que su propiedad forma parte de las pocas que mantienen la actividad agrícola en el sector.Un terreno degradado convertido en producción de café bajo sombraLa reconversión de la tierra no respondió a un proyecto inmobiliario ni a una iniciativa estatal.

Fue una apuesta agrícola de largo plazo, basada en la siembra de cafetos y árboles de sombra sobre áreas que habían tenido otros usos.El padre de Boza estudió agronomía general en una universidad de Nicaragua. Su formación incluía conocimientos sobre producción animal, cultivos y manejo de plantas, aunque no se especializó exclusivamente en café. La experiencia familiar también pesó: su propio padre había cultivado el grano.Sus hijas llegaron después al oficio.

Daniella estudió administración de empresas y cocina. Junto con una de sus hermanas tomó cursos de poda, resiembra y catación, además de una capacitación anual sobre el ciclo completo del cafeto, desde la siembra hasta la cosecha y el procesamiento.El resultado fue una finca que combina producción, cobertura vegetal y actividades de visita pública. Parte del personal está dedicado al turismo rural, una opción que permite a los visitantes recorrer un espacio agrícola ubicado a pocos minutos de la trama urbana.La ciudad creció y complicó las condicio…

La Finca San Antonio Amatetepeque perdió sus cafetos a la roya y quedó expuesta la fragilidad del modelo de venta. La respuesta de la familia Boza fue cambiar el destino de su cosecha: pasó de entregar café en uva a desarrollar procesos de especialidad, crear una marca propia y exportar microlotes a mercados de América del Norte, Europa, Asia y Oceanía.El cambio ocurrió en una propiedad cafetalera del cerro de San Jacinto, cerca de San Marcos, donde el padre de Daniella Boza había construido una finca a partir de tierras heredadas y predios que antes habían sido potreros, zacatales y una pedrera.Boza, administradora de empresas y cocinera de formación, se incorporó junto con sus hermanas a un negocio que no estaba contemplado en el plan inicial de la familia. Su padre, agrónomo, suponía que sus hijas seguirían otros caminos.

La crisis sanitaria y comercial del café modificó esa perspectiva.La roya dejó al descubierto un modelo sin trazabilidadAntes de la crisis, la finca entregaba su producción a una exportadora. El café se vendía en uva, sin información precisa sobre sus compradores ni sobre el valor que podía alcanzar en mercados diferenciados. La familia recibía el precio de mercado y escuchaba que su producción no era especialmente destacada.

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